Inseguridad alimentaria: el desafío de las favelas en Brasil
Un estudio del Instituto Desiderata revela que el 60,7% de las familias que viven en favelas brasileñas enfrentan algún grado de inseguridad alimentaria.

Al mismo tiempo, la investigación evidencia una contradicción creciente: la presencia simultánea del hambre y del exceso de peso entre los niños, fenómeno conocido como la doble carga de la malnutrición.
Titulada “Ambientes alimentarios en favelas: percepción sobre el acceso a los alimentos de residentes de favelas brasileñas”, la investigación consultó a 900 hogares en tres territorios: Complexo da Maré y Caramujo, en Río de Janeiro, y Coque, en Pernambuco. Entre los niños de 5 a 10 años, el 34,7% presenta exceso de peso, de los cuales más del 21% tiene sobrepeso y el 12,95% padece obesidad.
Obstáculos
Los datos indican que la alimentación en estos territorios está fuertemente condicionada por factores estructurales. El precio de los alimentos aparece como la principal barrera: cerca del 43% de los entrevistados afirma que los productos frescos (in natura), aunque estén disponibles, no son económicamente accesibles.
En contrapartida, los alimentos ultraprocesados están más presentes y se consumen con frecuencia.
Otro obstáculo relevante es el acceso físico. Según el relevamiento, el 33% de los residentes tarda más de 30 minutos en llegar al principal lugar de compra de alimentos, y el 58% realiza ese trayecto a pie.
La dependencia de los comercios locales y supermercados refuerza la configuración de territorios clasificados por especialistas como “pantanos alimentarios”, con abundancia de productos no saludables, y “desiertos alimentarios”, con escasez de opciones nutritivas.
Andrea Rangel, gerente del área de obesidad del instituto, destaca que el territorio tiene un papel determinante en las elecciones alimentarias y que los ambientes saludables generan elecciones saludables.
“El derecho a la alimentación pasa, necesariamente, por la posibilidad real de elegir. Es fundamental que la promoción de alimentos frescos y nutritivos en las comunidades sea el centro de políticas públicas consistentes. Solo alcanzaremos la equidad en la salud alimentaria cuando el código postal de una persona no sea un impedimento para ello”, afirmó.
Alimentación escolar
La investigación también señala desigualdades en el acceso a la alimentación escolar. En el barrio de Coque, en Pernambuco, el 91,67% de los niños están matriculados en centros infantiles o escuelas públicas, pero sólo el 16,33% almuerza en la escuela.
“Este fue un dato que nos llamó mucho la atención y encendió una señal de alerta para entender el porqué de este rechazo tan grande hacia la alimentación escolar”, explicó Andrea Rangel. “Empezamos a investigar la calidad de las comidas y posibles quejas ante el Consejo de Alimentación Escolar”.
Por otro lado, en Caramujo, también en el estado de Río, el estudio identificó dificultades en el abastecimiento. “Cerca del 60% de los encuestados tarda más de 30 minutos en llegar a los puntos de compra. Este dato alerta sobre la fragilidad del acceso físico a los alimentos y refuerza la necesidad de acciones que garanticen disponibilidad y calidad alimentaria en estos territorios”, dijo Rangel.
El perfil de las familias entrevistadas subraya la vulnerabilidad social: el 89% de los responsables de la alimentación son mujeres, mayoritariamente negras, y los hogares tienen, en promedio, cuatro personas.
A pesar de las dificultades, la escuela aparece como un espacio estratégico de protección alimentaria. Entre los niños encuestados, el 89,81% está matriculado y más de la mitad (53%) realiza sus comidas en el entorno escolar.
La aceptación del menú escolar también es significativa, con un 64,47% que reporta una buena adhesión. Sin embargo, factores como los operativos policiales y las interrupciones en el funcionamiento de las escuelas afectan directamente el acceso a la alimentación, comprometiendo una red esencial de protección social.