Riesgos ambientales por intervenciones en playas de Brasil
Obras como la ampliación artificial de playas, muelles de piedra y muros de contención vienen multiplicándose para frenar el avance del mar en el litoral brasileño. Sin embargo, los expertos advierten sobre los efectos secundarios en el medio ambiente y la necesidad de apostar por soluciones basadas en la naturaleza.

Recientemente, el gobierno del estado de Paraná fue multado por el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (Ibama) con R$ 2,5 millones por el uso de bolsas plásticas con arena para contener la erosión en el litoral de Matinhos.
Las ciudades costeras con frecuencia han estado recurriendo al "engorde" de playas, una técnica para ampliar artificialmente la franja de arena. Municipios del estado de Santa Catarina, como Balneário Camboriú y Piçarras, son ejemplos de este tipo de intervención.
Investigadores de la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC) observaron que estas obras pueden alterar la dinámica natural de las olas y las corrientes marinas. En una nota técnica, el grupo de investigación señala cambios en los patrones de circulación del agua, lo que puede afectar su calidad e incluso aumentar el riesgo de ahogamientos en áreas recientemente ampliadas.
Según el profesor Alexander Turra, investigador do Instituto Oceanográfico de la Universidad de São Paulo (USP), las estructuras de emergencia suelen solucionar un problema localizado, pero terminan provocando desequilibrios en otros puntos de la costa.
“Estas obras pueden retener arena de un lado, pero intensificar la erosión del otro. El resultado es un efecto dominó que exige nuevas intervenciones y puede comprometer la continuidad de la playa”, explica Turra, quien es miembro de la Red de Expertos en Conservación de la Naturaleza (RECN).
El investigador menciona casos en el litoral sur del estado de Bahía y en el litoral del estado de São Paulo, donde se construyeron emprendimientos turísticos en áreas naturalmente vulnerables al avance del mar. La ocupación en muchas de estas regiones ocurrió tras la supresión de restingas y dunas, ecosistemas que funcionaban como barreras naturales.
Con el avance de la erosión, hoteles y otras estructuras comenzaron a construir muros de contención para proteger sus instalaciones. El resultado, sin embargo, es la pérdida casi total de la franja de arena durante la marea alta.
Soluciones naturales
La bióloga Janaína Bumbeer, gerente de proyectos de la Fundación Grupo Boticário, explica que ecosistemas como manglares, restingas, dunas y arrecifes de coral desempeñan un papel fundamental en la protección del litoral.
“Estos ambientes absorben la energía de las olas, mantienen los sedimentos en su lugar y amortiguan el impacto de las tormentas”, dice Bumbeer. “La playa es dinámica, pero las estructuras de concreto son estáticas y no se adaptan a los ciclos naturales.”
Además de proteger la costa, estos ambientes también ofrecen beneficios económicos y ambientales. Un estudio coordinado por la bióloga estima que los arrecifes de coral del noreste brasileño evitan hasta R$ 160 mil millones en daños gracias a su función de protección costera.
Asimismo, los manglares desempeñan un papel estratégico: además de almacenar grandes cantidades de carbono, sustentan cerca del 70% de las especies pesqueras explotadas comercialmente en Brasil en alguna fase de su ciclo de vida.
Por su parte, las restingas y dunas logran acumular sedimentos y crecer verticalmente, acompañando la elevación del nivel del mar cuando están preservadas.
Para Turra, ampliar el conocimiento público y planificar mejor la ocupação del litoral son medidas esenciales ante el cambio climático.
“El litoral es un bien colectivo. Planificar su ocupación con base en evidencias científicas es garantizar que siga existiendo y generando prosperidad para las próximas generaciones, y no solo para intereses particulares de corto plazo”, afirma.