Rutas para sustituir combustibles fósiles estarán lista en noviembre
A ocho meses de la 31ª Conferencia sobre el Cambio Climático (COP31), que tendrá lugar en la ciudad de Antalya, Turquía, del 9 al 20 de noviembre, el embajador André Corrêa do Lago tiene el desafío de concluir el trabajo al frente de la presidencia brasileña en el espacio multilateral de las Naciones Unidas para la acción climática.

Entre las prioridades están la elaboración de hojas de ruta para el fin de la deforestación global y la transición para alejarse de los combustibles fósiles, lo que permitirá una caída expresiva en las emisiones de gases de efecto invernadero responsables del cambio climático.
Hasta el 31 de marzo, la presidencia de la COP30 tiene abierta una convocatoria global para recibir contribuciones de países, observadores y partes interesadas.
Con una intensa agenda de participación en foros y encuentros internacionales sobre la agenda global, Corrêa do Lago reservó un tiempo para hablar en exclusiva con Agência Brasil sobre el avance de los trabajos y los esfuerzos liderados por el país desde la COP30.
Agência Brasil - Desde la realización de la COP30 en noviembre de 2025, ¿cuáles han sido los avances en la acción climática global?
André do Lago - Antes que nada, las acciones deben tener una gran coordinación con la presidencia de la COP31, que será una COP un poco especial, porque se llevará a cabo en Turquía, bajo presidencia turca, pero con la presidencia de la negociación a cargo de Australia. Ellos mismos se están coordinando de manera muy especial. Por lo tanto, queríamos asegurar que lo que consideramos algunos de los principales legados de la COP30 sea plenamente comprendido y absorbido por la preparación de la COP31.
Agência Brasil - ¿Esos principales legados serían la agenda de acción climática?
André do Lago - Existe la conciencia de que las COP entran en una nueva fase, que es la que llamamos fase de implementación; es decir, se seguirá negociando, pero tenemos que asegurar que las COP sean instrumentos más efectivos de ejecución, teniendo en cuenta que creemos que queda poco tiempo para ello. Entonces, tenemos que hacer lo máximo en el poco tiempo que la ciencia nos dice que tenemos.
Agência Brasil - Acercar la implementación a las negociaciones mediante la Agenda de Acción fue un gran avance, pero también hubo frustración, principalmente por la falta de consenso sobre el tema de los combustibles fósiles, aun sin estar en la agenda de la conferencia. Colombia ahora lidera una iniciativa y promoverá un encuentro para esto. ¿Cuál es la participación de Brasil en ese movimiento?
André do Lago - Yo creo que el liderazgo es de Brasil, no de Colombia. Porque quien lanzó la idea de la Hoja de Ruta fue el presidente Lula. Solo que el presidente Lula la lanzó en una dimensión política en la Cumbre [del Clima]. Y Colombia ya venía participando en ciertos esfuerzos, por lo tanto, abrazó la propuesta del presidente Lula. Creo que es muy importante distinguir entre lo que se puede hacer a nivel político y lo que se puede hacer a nivel de negociación. Por ejemplo, Colombia nunca propuso tratar ese asunto en la agenda; lo que se negocia tiene que entrar primero en la agenda. Y para entrar en la agenda debe haber consenso. Entonces, el presidente Lula lanzó la idea política y, como sabemos, no hay consenso para entrar en la agenda y, mucho menos, para tener un resultado. Ese movimiento que hizo Colombia terminó reuniendo a cerca de 85 países, con consenso, pero no sirve de nada tener 85 o 192, tiene que haber consenso total. Dado que no lo hay, la presidencia brasileña [de la COP] propuso crear el roadmap este año.
Agência Brasil - ¿Y cuál es la perspectiva de que esta hoja de ruta para alejarse de los fósiles esté lista? ¿Podemos esperarla para la COP31 en noviembre de este año?
André do Lago - Vamos a presentar el roadmap, es decir, las prioridades, por partes a lo largo del año, porque queremos consultar y discutir con varios países. Incluso en la Conferencia de Santa Marta, en Colombia —iniciativa que apoyamos y consideramos importante—. Sin embargo, el roadmap que estamos proponiendo es como la implementación de una decisión de Dubái, que apareció en el documento final de la COP28, el cual trae la idea de transición.
Hay otro movimiento en paralelo, en el que Colombia participa muy activamente, que es el Tratado de No Proliferación de Fósiles; es algo informal, pero que ya existe hace varios años. Entonces, estamos trabajando con Colombia, naturalmente, para que los esfuerzos por cumplir con el consenso de Dubái sean lo más constructivos posible, porque si vas en una dirección muy radical, también das argumentos a aquellos que no quieren discutir el tema.
Agência Brasil - Hace 15 días se celebró la Conferencia de Seguridad en Múnich, la cual reforzó, en su informe final, que el cambio climático y los extremos climáticos lideran la lista de amenazas a la seguridad de los países del G20 y de los países en desarrollo. En Davos, en el Foro Económico Mundial, el cambio climático también es una preocupación, pero hay pocos avances. ¿Por qué tenemos tanta dificultad para avanzar en la agenda climática?
André do Lago - Por el impacto económico de esta discusión. Por ejemplo, en las Naciones Unidas, el tema de la energía solo entró en la parte de energía atómica por la dimensión de no proliferación. Todas las grandes organizaciones de energía en el mundo, con excepción de la Agencia Internacional de Energía Atómica en Viena, están fuera de la ONU. El mundo nunca logró crear una estructura dedicada a la discusión de energía porque el impacto de la discusión energética tiene muchísimas consecuencias geopolíticas y económicas.
Termina habiendo una discusión energética muy dividida entre varias entidades y esa dificultad lleva a varias consecuencias. Una es que se discute menos de lo que se debería. Otra es que ciertos países prefieren tratar el asunto de manera sectorizada en diferentes organismos. Y, finalmente, el otro gran problema es que no hay una discusión universal. Por eso, el tema de energía terminó migrando a la negociación de cambio climático, que es una composición universal de 193 países.
La Convención del Clima terminó siendo un espacio en el cual se empezó a discutir la cuestión de energía, pero originalmente no era así. Entonces, hay también una discusión sobre cómo vamos a tratar la energía en la Convención y en el Acuerdo de París. Y este roadmap que Brasil propuso es justamente algo que debe aclarar qué tanto podemos discutir el tema dentro de la Convención del Clima y del Acuerdo de París.
Agência Brasil - El gobierno de los Estados Unidos se retiró de la Convención del Clima, pero también viene manifestando mucho interés por todo lo vinculado a la transición energética. Parece estar en una carrera por los recursos necesarios para que ocurra. ¿Este comportamiento contradictorio puede indicar un interés en controlar el proceso?
André do Lago - Creo que la posición del gobierno estadounidense actual es mantener las cosas como están. No es una posición de transición. La necesidad de transicionar la energía está vinculada a reducir las emisiones del petróleo, gas y carbón, o de lo nuclear. Pero hay una reacción muy grande por parte de Estados Unidos respecto a las renovables, para mantener solo los biocombustibles. Esa posición está muy vinculada precisamente a la dimensión geopolítica. Si los Estados Unidos hoy son la mayor potencia de petróleo y gas del mundo, tienen la visión de que este es un momento de poder y que una transición podría reducir la relevancia y la fuerza del país.
Y es algo muy interesante de observar porque la segunda economía del mundo, que es China, eligió exactamente el otro camino. Tal vez sea la mayor diferencia desde el punto de vista económico, ya que ambos hoy son capitalistas, tienen empresas privadas extraordinarias y ambos invierten en tecnología de manera brutal, pero existe esta apuesta muy clara de China por la transición y la apuesta del gobierno estadounidense por mantener las formas tradicionales de producción de energía.
Agência Brasil - Pero el gobierno estadounidense también viene demostrando mucho interés por los recursos necesarios para esa transición, como minerales críticos y tierras raras. ¿Cuál sería la razón?
André do Lago - Hay varias interpretaciones. Algunos autores dicen que uno solo puede entrar en esa transición si tiene el dominio sobre esos materiales. Otros, que uno solo debe entrar si esta mantiene la ventaja sobre Estados Unidos. La verdad es que es muy interesante ver que Estados Unidos y China están apostando por caminos muy diferentes para la generación de energía.
Agência Brasil - Hasta el mes de noviembre, cuando termina el periodo de presidencia brasileña de la COP, ¿cuáles son las perspectivas en este ambiente multilateral?
André do Lago - Hay algunas prioridades que estamos explicando en varias reuniones. Una de ellas es elaborar las dos hojas de ruta prometidas por la presidencia brasileña: sobre el fin de la deforestación y sobre la transición de los combustibles fósiles.
Hemos lanzado formalmente la convocatoria, a través de la secretaría de la Convención sobre el Cambio Climático, para que los países y demás colaboradores —sector privado, ONG, academia— envíen sugerencias sobre ambos mapas antes de finales de marzo.
Otra prioridad es completar la estructura de financiamiento climático para alcanzar los US$ 1,3 billones al año, la cual publicamos el año pasado con la presidencia de Azerbaiyán [COP29 en Bakú], pero donde señalamos que había fallas importantes en las cifras. Este año estamos complementando ese trabajo con un perfeccionamiento de los números sobre las posibles fuentes de recursos para llegar a esa meta de financiamiento para la transición de los países en desarrollo. Son tres hojas de ruta: dos autoasignados y otra que partió de una decisión de la COP de Bakú, que Brasil y Azerbaiyán están desarrollando.
El Acelerador también está entre las prioridades y es una de las ideas que formó parte de la decisión "Mutirão" en la COP30 de Belém. Es una iniciativa que contempla precisamente la forma de ir más allá de la negociación y acelerar la implementación del Acuerdo de París dentro de la Convención del Clima. El Acelerador aún está por definirse, pero Brasil y la presidencia australiana desarrollarán la idea juntos. También tenemos el tema de la adaptación, que sigue siendo una prioridad muy grande para Brasil. Y el fortalecimiento de la Agenda de Acción, que la presidencia brasileña buscó estructurar en Belém para que sea un instrumento de implementación orientado por el Balance Global. Esto fue bien recibido y hubo consenso en que esta estructura debe mantenerse. Estamos trabajando mucho con Turquía y Australia en esto.
Esencialmente, hay un trabajo sobre el legado de la COP30, en el sentido de que se entienda que la cita de Belém fue una etapa sumamente innovadora en lo que respecta a pasar de la negociación a la implementación de la acción climática.
Agência Brasil - ¿Ya es posible cuantificar el valor actual de ese flujo de financiamiento climático hacia los países en desarrollo?
André do Lago - Naturalmente, quien está dando el dinero acentúa el hecho de que ya hay valores muy importantes. Quien lo recibe tiende a decir lo contrario. Tenemos que lograr identificar números en los que estemos de acuerdo. En el roadmap para los US$ 1,3 billones, este año vamos a contribuir con un nuevo capítulo respecto a fuente de financiamiento para mejorar esas cifras y para que sea más claro, porque la imprecisión no ayuda a la confianza entre países. Y como la negociación debe ser por consenso, sin confianza es imposible lograrlo. Eso incluso dificulta otras agendas.
Agência Brasil - En la identificación de esos valores, ¿ya se ha podido separar, por ejemplo, qué es financiamiento climático de lo que va destinado a la biodiversidad?
André do Lago - Espero que sí. No es nada fácil. Estamos trabajando con el IHLEG [Grupo Independiente de Expertos de Alto Nivel sobre Financiamiento Climático], liderado por Nicholas Stern, el economista inglés que fue el primero en analizar el cambio climático desde el punto de vista económico. Fue a partir de sus estudios que se llegó a esa cifra de US$ 1,3 billones.
En paralelo, trabajamos con el Consejo de Economistas que creamos para la COP30. Ellos también están haciendo contribuciones importantes para esclarecer este gran desafío.
Es muy difícil discutir si no somos capaces de tener estos números. El año pasado nos dimos cuenta de que aún no llegamos a cifras que se acerquen siquiera al concepto de financiamiento climático.